Cuando hablamos de lactancia materna solemos pensar, en primer lugar, en alimentación. Y es lógico. La leche materna proporciona al bebé alimento y protección, especialmente adaptados a sus necesidades.
Pero dar el pecho significa mucho más que alimentar.
Para comprenderlo basta observar uno de los primeros encuentros entre la madre y su bebé después del nacimiento. Sobre su cuerpo, en contacto piel con piel, el bebé encuentra el pecho y comienza a mamar. Allí recibe leche, pero también calor, contacto, olor, caricias, mirada y el sonido familiar del corazón de su madre. Recibe alimento nutriente y, al mismo tiempo, alimento afectivo.
El pecho como lugar de seguridad
El nacimiento supone para el bebé un cambio extraordinario. Deja el entorno intrauterino que ha conocido durante toda su existencia y llega a un mundo completamente nuevo, lleno de sensaciones que todavía no comprende.
En ese tránsito, reencontrarse con su madre representa continuidad y seguridad.
La succión, el contacto piel con piel, el calor y la proximidad le permiten reconocer aquello que ya le resulta familiar. Como escribo en El bebé emocional, para ese bebé estar sobre el cuerpo de su madre, mamando y escuchando nuevamente su corazón, es de alguna manera sentirse otra vez en casa.
Por eso resulta tan importante favorecer, siempre que las circunstancias de madre y bebé lo permitan, el contacto inmediato después del nacimiento y evitar separaciones innecesarias que puedan interferir en ese primer encuentro y en el inicio de la lactancia.
Mucho más que calmar el hambre
Durante sus primeros meses, el bebé se enfrenta continuamente a sensaciones y experiencias nuevas: hambre, frío, calor, cansancio, sonidos, luces, personas desconocidas… y, especialmente, la separación de su madre.
Cuando vuelve al pecho no busca necesariamente solo alimento. Puede buscar también proximidad, consuelo, regulación y seguridad.
Desde esta perspectiva, amamantar puede convertirse en una poderosa experiencia de comunicación emocional. A través del cuerpo, la madre transmite algo que el bebé puede sentir mucho antes de comprender las palabras:
Estoy aquí.
Te acompaño.
Acepto lo que sientes.
Estás seguro.
Te quiero.
Para el bebé y el niño, los hechos y las experiencias corporales pueden comunicar de una manera especialmente directa aquello que todavía no pueden comprender mediante el lenguaje.
Seguridad para crecer
A veces se teme que consolar al bebé mediante el pecho pueda hacerlo más dependiente. Sin embargo, desde la mirada que desarrollo en mi trabajo, atender su necesidad de proximidad no significa resolver por él los retos que irá encontrando. Significa proporcionarle una base de seguridad desde la que poder afrontarlos.
El pecho no elimina las dificultades del niño. Puede ofrecerle un espacio de calma y conexión desde el que recuperar seguridad y continuar explorando el mundo. La lactancia no resuelve sus conflictos; puede ayudarle a afrontarlos.
Cada madre y cada bebé, una historia diferente
Hablar de los beneficios emocionales de la lactancia nunca debería convertirse en una forma de juzgar a las madres.
Cada mujer, cada bebé y cada circunstancia son diferentes. La lactancia puede durar meses o años, puede encontrarse con dificultades o puede no ser posible. La calidad del vínculo afectivo entre una madre y su bebé no puede reducirse a la forma en que este es alimentado.
Lo verdaderamente importante es disponer de información, apoyo y acompañamiento para que cada madre pueda tomar sus decisiones de acuerdo con sus circunstancias y las necesidades de su bebé. Esta ausencia de juicios es también una idea central: no es mejor ni peor madre quien amamanta durante más o menos tiempo.
Porque detrás de la lactancia existe una enseñanza que va mucho más allá del pecho: un bebé no necesita solamente ser alimentado. Necesita sentirse seguro, acompañado y profundamente amado.
Y quizá por eso la lactancia materna constituye una imagen tan hermosa de lo que significa cuidar al comienzo de la vida: alimentar el cuerpo mientras alimentamos también el corazón.
Este tema se desarrolla ampliamente en mi libro EL BEBÉ EMOCIONAL- Gestación, nacimiento y crianza, donde profundizo en las necesidades emocionales del bebé desde la gestación, el nacimiento y durante sus primeros años de vida.
NUEVO LIBRO: La Supraconciencia en la gestación y nacimiento
