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Gestar, nacer y criar: el arte de construir vínculos con amor

Vivimos un momento de cambio profundo en la forma de comprender la relación con los bebés y los niños. Cada vez existe una mayor conciencia de que necesitamos transformar nuestros modelos relacionales y ampliar nuestra mirada sobre la gestación, el nacimiento, la crianza y la educación. Hoy sabemos —gracias a la evidencia científica, especialmente desde la neurociencia y la psicología del desarrollo— que los primeros vínculos y experiencias dejan huellas profundas que acompañan toda la vida.

La gestación, el nacimiento y la primera infancia constituyen las etapas más sensibles y determinantes en la historia de todo ser humano. Los acontecimientos vividos en esos primeros años son más influyentes en la construcción del carácter, la seguridad emocional y la salud integral que muchos de los hechos posteriores. Esto otorga a madres y padres una enorme oportunidad de contribuir al bienestar presente y futuro de sus hijos, pero también una gran responsabilidad, desde el mismo momento de la concepción.

No existen métodos universales para criar o educar. Cada madre, cada padre, cada niño y cada entorno son únicos. Lo esencial es aprender a escuchar y observar: reconocer las necesidades reales del bebé en cada momento y responder con sensibilidad y coherencia. Un mismo gesto puede significar cosas distintas según su temperamento, su estado o su momento vital. La crianza consciente nace de esta atención amorosa.

Aun así, hay un elemento común a todos los niños y niñas: la necesidad de sentirse amados. Ese sentimiento de amor, expresado a través del contacto, la presencia y la ternura, constituye la base de un desarrollo equilibrado y feliz. Como señala la Dra. Graciela Liliana Ball en el prólogo del libro de Michel Odent La cientificación del amor, “la única prevención que conozco para la salud mental de la infancia es la posibilidad de que se pueda sostener el vínculo profundo entre el bebé y su madre”.

La prevención del sufrimiento emocional y de los trastornos afectivos comienza mucho antes del nacimiento. Es más sencillo y poderoso cuidar el vínculo temprano que tratar las consecuencias de su carencia en la adultez. Sentirse amado genera autoestima, y la autoestima es el fundamento de la inteligencia emocional, del equilibrio interior y de la capacidad de amar a otros.

La maternidad y la paternidad pueden vivirse como una carga o como una fuente de alegría y crecimiento. Todo depende de la conciencia con que las asumamos. Quienes disfrutan de su relación con sus hijos, compartiendo tiempo, juego y afecto, crean un entorno nutritivo donde el amor es el suelo fértil del desarrollo. En cambio, la tensión, la prisa o la falta de conexión emocional generan un clima de inseguridad y desamor que marca la vivencia del niño.

Mi propósito es que madres y padres, sea cual sea su circunstancia, encuentren el conocimiento, la comprensión y las herramientas necesarias para construir una maternidad y paternidad conscientes, plenas de sentido, capaces de generar bienestar tanto en sus hijos como en ellos mismos. Porque criar con amor no solo transforma la infancia: transforma también a los adultos que acompañan ese proceso.

Enrique Blay